La semana pasada tuve la dicha de visitar el teatro Manuel Bonilla de la capital, ese histórico resiento que dentro de sus muros de piedra rosada alberga décadas de talento catracho.
¿Sabían que el teatro es una buena manera de entretenerse?, se ha demostrado científicamente que el teatro tiene efectos beneficiosos para la salud.
La Organización Mundial de la Salud lo define como un estado completo de bienestar físico, mental y social, más allá de la mera ausencia de enfermedad.
Un talento que en muchas ocasiones se desperdicia por el poco apoyo de todos nosotros….
Esto porque los hondureños no tenemos, dentro de nuestra lista de entretenimientos, el de disfrutar de una obra de teatro, siempre consideramos primero ir al cine, al estadio, al bar, a comer, al teatro o incluso el de solo ir a caminar al Mall.
¡Jugamos naipes, antes de ir al teatro!; una pena.
Sin embargo, en la visita que les comenté al teatro, junto a mis compañeros Karla Oseguera y Frank Aguilera, descubrí algo que le dio una luz de esperanza a mis pensamientos.
Cuando llegué observé -para mi sorpresa- que el recinto estaba completamente lleno de niños y jóvenes de dos escuelas de la capital, todos disfrutaban de una obra de un grupo de jóvenes.
Obviamente, todos sabemos que ellos no están allí por que decidieron de buenas a primeras ir, sino que era alguna actividad obligatoria de las escuelas.
Pero se preguntarán “¿Qué es lo sorprendente de esto?”
Lo que me llenó de emoción fue que, pese a que los niños fueron al teatro por obligación, la GRAN MAYORÍA, disfrutó la obra; sus caras completamente concentradas en el drama, sus risas, los aplausos, todo, me indicó que disfrutaron ese momento.
Eso llenó de mucha alegría mi corazón, puesto que vivimos en un país con un nivel de cultura nivel “deprimente” en el que sus jóvenes se emocionan por un artista de pelos pintados en verde gritando “tonterías” en un micrófono, pero que no saben ni quién fue Dionisio de Herrera…
Me doy cuenta, al recordar las caras de emoción de esos niños, que no todo está perdido, que aun hay esperanzas para el país si trabajamos otro poquito más; pero sobre todo, descubrí que a pesar de todos sus años, obstáculos y limitaciones…¡El teatro no pasa de moda!