Ya todos conocemos la historia de la olla de canechos que simboliza la envidia que sentimos cuando otro hondureño alcanza el éxito.
El de Rubilio Castillo es uno de los ejemplos más recientes. No pasó la prueba médica en Grecia y de inmediato salieron los “triunfadores” hondureños, aquellos que no hace nada por el país más que escribir pendejadas en sus redes sociales, y comenzaron a celebrar el “fracaso” del delantero.
Para muchos hondureños, David Suazo fue un fracasado. Para muchos hondureños, sin presentar una sola prueba más que el chismorreo, Honduras se vendió en aquel partido ante Trinidad y Tobago rumbo a Japón y Corea 2002.
Hoy, los canechos de la olla, fastidiados y llenos de veneno, se retuercen en la olla porque Amado Guevara, sí, Amado Guevara, uno de los mejores jugadores en la historia de este país, acaba de ser oficializado como el nuevo DT de Puerto Rico.
En lugar de alegrarse y desearle lo mejor, disparan frases como “¡Ojalá que Amado fracase”, “Le irá mal”, “No sabe nada”, “Es un principiante”…
Pero Amado ya está acostumbrado a que los perritos aguacateros ladren: guau, guau, guau, mientras él cabalga en cada aventura.
Estamos de acuerdo que Puerto Rico no es una potencia. También coincidimos en que sus posibilidades de clasificar al Mundial de Qatar 2022 son muy remotas, casi improbables.
¿Y sólo por eso Amado cobardemente iba a decir que no?
Es un reto importante para que empiece a volar solo como entrenador. Nadie -y en esto están bien equivocados los canechos de la olla-, llegó al éxito sin antes haber caído, tropezado o fracasado.
Le deseo lo mejor a Amado y que, pase lo que pase, deje huella en la isla. ¡A aullar se ha dicho! Y ustedes, canechos, sigan hundidos en el fondo de la olla.